Extraño los martes de #megustaescribir
Recuerdo con una ternura que sabe a café frío aquellos martes marcados con el hashtag #megustaescribir. Cada semana, como un ritual inquebrantable, Penguin Random House nos ofrecía un desafío: una frase, una escena, una chispa lista para encender historias diminutas. “Ese martes soñé con un cuervo”, “Brindé contigo un martes con una cerveza helada”, “Ser pobre es horrible, suspiró Meg un martes”. Cada premisa era un empujón suave, casi imperceptible, hacia territorios íntimos de la imaginación. No sé cuándo empezó a suceder, pero los martes dejaron de ser un simple día de la semana. Se convirtieron en puertas: puertas a cuentos comprimidos, a frases que querían volar libres en apenas un puñado de palabras. Yo estuve ahí, como tantos otros, escribiendo en los comentarios de aquella comunidad que respiraba tan rápido como yo cuando daba publicar. Confieso que, para mi fortuna, fui seleccionado varias veces. Esa sensación de ver mi nombre junto a otros, en una antología digital ofic...